Antes de Zaura: cómo aprendí a buscar un perfume

Antes de Zaura: cómo aprendí a buscar un perfume

 

Hay una pregunta que aparece de manera recurrente cuando pienso en Zaura:

¿Por qué empecé a hacer esto?

Y cuando intento responderla, inevitablemente tengo que ir mucho más atrás de Zaura. Incluso mucho antes de pensar en crear un perfume.

Creo que los verdaderos comienzos de esta historia están en la fascinación que sentí la primera vez que descubrí la perfumería.

Todo empieza con un olor

El primer perfume que recuerdo haber descubierto con verdadera fascinación fue CK One, de Calvin Klein.

Hay algo difícil de explicar en ese primer encuentro con un perfume que realmente te sorprende. No es solamente que huela bien. Es que aparece una sensación de descubrimiento. Algo que antes no conocías y que, de repente, quieres entender.

Después vendrían muchos otros.

Cuando tuve la oportunidad de entrar a trabajar en el mundo de la perfumería, esa fascinación comenzó a crecer. Cada lugar, cada bloque, cada espacio olía diferente. Cada perfume parecía tener una personalidad propia.

Pero hubo uno que particularmente me marcó: Good Girl, de Carolina Herrera.

Me parecía un perfumazo. Lleno de vida, con una presencia que me impresionaba. Recuerdo pensar:

“Esto es lo que quiero presentar.”

Y creo que, poco a poco, sin darme cuenta, ahí empecé a construir mi propio criterio.

Empecé a entender qué cosas me gustaban en un perfume, qué olores me llamaban la atención, qué materias me producían curiosidad y, sobre todo, qué esperaba sentir cuando encontraba algo realmente bien hecho.

La perfumería empezó a convertirse para mí en una forma de descubrimiento.

Después descubrí que detrás del perfume había mucho más

El siguiente gran momento llegó cuando empecé a acercarme a las materias primas.

Recuerdo especialmente la primera vez que olí Amber Xtreme™.

Fue un momento extraño porque, de repente, algo hizo clic.

Ese olor que estaba acostumbrado a percibir como parte de un perfume existía también como una materia prima. Podía olerlo de manera individual, estudiarlo, entenderlo y tratar de imaginar qué podía hacer con él.

Y entonces apareció una pregunta que cambió completamente mi manera de entender la perfumería:

“¿Entonces los perfumes están hechos de esto?”

A partir de ahí comenzó una obsesión.

Empezaron a llegar materias primas. Después otras. Y otras.

Y cada una abría una puerta diferente.

Algunas eran evidentes. Otras eran difíciles de entender. Algunas me fascinaban inmediatamente y otras necesitaban tiempo.

Pero cada materia prima era una posibilidad.

La frustración también fue parte del origen de Zaura

Con el tiempo apareció otra sensación.

La frustración.

No porque no existieran buenos productos. Todo lo contrario. Hay personas haciendo cosas extraordinarias.

Mi frustración aparecía cuando intentaba encontrar determinadas características en un perfume y muchas veces recibía propuestas que, desde mi percepción, estaban demasiado condicionadas por el precio.

Sentía que algunas decisiones estaban pensadas primero desde la economía y después desde la experiencia olfativa.

Y ahí apareció una idea que terminó siendo fundamental:

¿Por qué no intentar hacerlo yo mismo?

¿Por qué conformarme con algo que no terminaba de convencerme?

¿Por qué no buscar las materias primas que realmente quería?

¿Por qué no intentar llevar cada desarrollo un poco más lejos?

No significa que exista una única manera correcta de formular un perfume. Tampoco significa que una mayor concentración o una materia prima utilizada de determinada manera garantice automáticamente un mejor resultado.

La perfumería es mucho más compleja que eso.

Pero sí existe algo que para mí es fundamental:

el deseo de llevar cada detalle hasta donde puede llegar.

Zaura nace de esa búsqueda

Creo que ahí es donde empieza realmente Zaura.

No solamente en la creación de perfumes, sino en la búsqueda constante de ese pequeño detalle que cambia una composición.

Ese componente que aparece y hace pensar:

“Wow.”

Ese es el tipo de descubrimiento que busco.

Y por eso la curaduría es tan importante dentro de Zaura.

Curar no significa simplemente escoger entre varias opciones.

Para mí, significa probar, cuestionar, devolver, ajustar y volver a probar.

A veces encuentro una idea que me gusta, pero siento que todavía puede llegar más lejos.

Entonces empieza una conversación:

“Me gusta esto, pero quiero que lo lleves por aquí.”

Después llega otra versión.

“Ahora sí, pero creo que todavía puede mejorar esto.”

Y vuelve otra.

Y otra.

Es un proceso de ajuste constante.

Una especie de conversación permanente entre lo que existe y lo que creo que todavía puede llegar a ser.

La búsqueda del “wow”

Quizás esa sea la mejor manera de explicar qué busco con Zaura.

No pretendo que todos los perfumes le gusten a todo el mundo.

De hecho, sé que eso es imposible.

La perfumería es profundamente subjetiva. Lo que para una persona puede ser extraordinario, para otra puede no significar absolutamente nada.

Y está bien.

Zaura no nace de intentar encontrar un olor que le guste a todo el mundo.

Nace de una visión.

De una manera particular de entender la perfumería.

De una fascinación que comenzó hace muchos años y que todavía sigue intacta.

De la curiosidad por las materias primas.

De la frustración de sentir que algunas cosas podían hacerse mejor.

Y, sobre todo, de la necesidad de seguir buscando.

Porque creo que todavía se puede llegar más lejos.

Siempre hay otro ajuste.

Otra materia prima.

Otra combinación.

Otro perfume.

Otro descubrimiento.

Y quizás esa sea la verdadera razón por la que hago Zaura:

**para perseguir ese momento en el que pruebas algo y, por un instante, solamente puedes decir:

“Wow.”**